Un rugido diferente en Madrid: explorando el mundo de Saurios

Era un viernes distinto en Madrid. De esos en los que, sin pensarlo mucho, la ciudad te lanza una propuesta imposible de rechazar. Esta vez no fue un teatro ni una exposición de arte. Fue algo que despertó el niño que aún vive en mí. Una invitación inesperada llegó a mi correo: una expedición jurásica al aire libre con más de 100 dinosaurios a tamaño real. ¿Cómo no pedir las acreditaciones de prensa?

Acompañado solo por mi mochila, porque mi amiga La Cordobesa esta vez no pudo estar, me dirigí al Escenario Puerta del Ángel, ese rincón de la Casa de Campo que siempre guarda sorpresas. Desde lejos ya se escuchaban rugidos y gritos de emoción. Productores de Sonrisas, los magos detrás de Circlassica y otros espectáculos familiares, lo han vuelto a hacer: han traído a la vida a los gigantes del pasado en una muestra que lleva por nombre SAURIOS.

El espacio es simplemente impresionante: 4.000 metros cuadrados de recorrido al aire libre, entre árboles y senderos, donde aparecen de repente un Tyrannosaurus rex de 9 metros de alto, un Velociraptor que mueve su cabeza y cola, y hasta un Triceratops curioso que suelta vapor por la nariz. Lo mejor es que no estás solo: simpáticos exploradores guían el camino, mezclando humor, historia y algo de teatro para que cada parada se sienta como una pequeña escena de película.

Los niños —y no tan niños— se detienen con la boca abierta ante cada criatura. Algunos intentan responder las preguntas que lanza el guía, otros simplemente corren de un saurio a otro con esa mezcla de miedo y fascinación que solo los dinosaurios despiertan.

Lo más bonito del día fue ver a padres, madres y abuelos contando a los más pequeños lo que ellos mismos sabían de estas criaturas, convirtiendo la visita en una experiencia compartida. Sin duda, Saurios es un planazo familiar, ideal para una tarde distinta, sin pantallas, solo imaginación y naturaleza.

Hasta el 1 de junio, esta aventura jurásica se queda en Madrid. Y, aunque no me pude resistir a grabar un par de vídeos para enviárselos a La Cordobesa, ya me ha dicho que volveremos juntos. Porque sí, hay que volver. Una vez no basta para abrazar con los ojos el pasado tan gigante que un día habitó esta Tierra.

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