Cruzar el umbral del Real Casino de Madrid, en el número 15 de la calle Alcalá, es siempre un ejercicio de nostalgia y asombro. Mil veces he pasado frente a su fachada, imaginando las historias que sus muros, levantados sobre el antiguo solar de la zona más noble de la capital, guardan a fuego desde principios del siglo XX. Ayer, la excusa era inmejorable: la presentación nacional de los Premios Azorín 2026.
El escenario: Donde la historia respira
Tras una acreditación puntual y rigurosa, entrar en el salón principal es recibir un impacto visual de otra época. Este edificio, joya del eclecticismo madrileño, no es solo un club social; es un testigo mudo de la evolución cultural de España. Entre sus molduras doradas y sus lámparas de cristal, se siente el peso de las tertulias que allí cambiaron el curso de las letras.
Un galardón con solera: El legado de Azorín
El Premio Azorín de Novela, convocado por la Diputación de Alicante y Editorial Planeta, es mucho más que un cheque; es el reconocimiento al espíritu de José Martínez Ruiz, “Azorín”. Desde su creación en 1994, ha buscado voces que, como la del maestro de la Generación del 98, mimen el lenguaje y la observación.
En esta edición, el honor ha recaído en Pablo Álvarez por su obra “La necesidad de amar”.
- El Autor: Pablo Álvarez se consolida como una de las voces más honestas de la narrativa contemporánea.
- La Obra: Una novela que explora las segundas oportunidades y la fragilidad humana en un mundo hiperconectado.

La firma y el coctel: Entre copas y confidencias
Tras la brillante presentación del autor, la velada se trasladó a una zona más distendida. Mientras la Diputación y la editorial servían un cóctel exquisito, Pablo Álvarez se dedicaba a firmar ejemplares con una paciencia y cercanía admirables. Fue allí, entre el murmullo de felicitaciones y el tintineo de las copas, donde ocurrió lo inesperado.
Un encuentro de cine: Conociendo a Lucía Álvarez
A veces, el cronista se olvida de su guion. En una charla que fluyó de forma orgánica, me encontré compartiendo impresiones con una mujer que desprendía una luz especial. Al preguntarle si era “alguien conocida”, su respuesta fue de una sencillez que desarma: “Soy actriz y directora”, dijo, sin más adornos.
Solo después, al ver la reacción de quienes nos rodeaban, entendí que estaba ante Lucía Álvarez, la ourensana que ha conquistado desde la TVG hasta Netflix. Su humildad fue el broche de oro para una tarde donde la literatura era la protagonista, pero la sensibilidad artística de Lucía se llevó mi atención.
Próximamente: Una entrevista sin guion
La tarde terminó con una promesa. Lucía y yo hemos quedado en volver a vernos para una charla más pausada. Quizás en uno de esos cafés con solera de Madrid, caminando por el Retiro bajo el sol de primavera, o tal vez en el estreno de su próximo proyecto teatral. Lo que es seguro es que en La Bitácora del Artista os lo contaremos todo.
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