Gabyta: El arte de dirigir, escribir y reír en Corrientes

El encuentro fortuito en la Avenida Corrientes

Hay noches en Buenos Aires que tienen una dramaturgia propia. Hace algunos años, la Avenida Corrientes me recibió para la cobertura de un ensayo general. El teatro estaba en penumbras, esa atmósfera eléctrica que precede a un estreno, donde los nervios y la expectativa se respiran en el aire.

Ni bien llegué, la calidez de la prensa me dio la bienvenida, pero lo que realmente captó mi atención no ocurrió sobre el escenario, sino en la platea. Entre las gradas, una persona se “descostillaba” de la risa, disfrutando cada réplica de los actores con una entrega absoluta.

De la platea a una amistad inquebrantable

Me senté cerca de ella, dejando mi cámara a un lado, intrigada por aquella espectadora tan apasionada. Al cabo de unos minutos, no pude evitar comentarle lo mucho que me sorprendía su forma de vivir el ensayo. Su respuesta, acompañada de una chispa en los ojos, fue el inicio de todo: “¡Y por supuesto… si soy la directora de la obra!”.

Aquella mujer era Gabyta. Desde esa noche de semana en el corazón teatral de Buenos Aires, iniciamos una amistad que ha crecido entre bambalinas, libretos y cafés.

El salto a la literatura: Un nuevo acto creativo

Hoy, esa complicidad que nació entre risas y butacas se plasma en una charla profunda. Gabyta no solo sigue dominando el lenguaje de la escena, sino que ahora se aventura al desafío de la página en blanco.

En esta entrevista exclusiva para La Bitácora del Artista, exploramos su transición de la dirección a la escritura y los detalles de su nuevo libro.

  • La visión de la directora: Cómo su experiencia en las tablas influyó en su prosa.
  • El proceso creativo: El paso del movimiento actoral a la permanencia de la palabra.
  • La amistad como motor: Un recorrido por años de trayectoria compartida.

Entrevista

Del escenario al papel: El cambio de dimensiones
“Después de años dominando el espacio tridimensional, el cuerpo y el silencio en el escenario, ¿cómo ha sido el proceso de ‘encerrar’ todo ese universo en la bidimensionalidad de una página? ¿Sentiste en algún momento la tentación de ‘dirigir’ a tus lectores como si fueran actores en un ensayo?”

Fue, más que encerrar, expandir, me atrevo a decir.
En el teatro, el cuerpo, la luz, el silencio… completan lo que el texto no dice. En la novela, en cambio, todo eso tiene que nacer de la palabra. Y eso, lejos de limitarme, me dio una libertad nueva: la de entrar en lo invisible, en lo que en escena muchas veces queda apenas sugerido.
Sí, hubo una tentación muy fuerte de “dirigir”. De marcar pausas, de imaginar tonos, incluso de coreografiar emocionalmente al lector. Pero entendí que la literatura tiene otra ética: no se dirige, se confía.
El lector no es un actor que ejecuta, es un cómplice que interpreta.
Y en ese espacio, mucho más íntimo, ocurre algo que el teatro no siempre permite: cada lector crea su propia puesta en escena.
Era un gran pendiente… y acá estoy.

La huella del tiempo y la mirada compartida
“He tenido el privilegio de seguir tu trayectoria y ver cómo tus puestas en escena han ido ganando en madurez y complejidad. Al escribir este libro, ¿sentiste que estabas rescatando obsesiones que ya aparecían en tus primeras obras o es este texto un territorio completamente virgen en tu carrera?”

Hay obsesiones que no cambian (jajaja). Solo se vuelven más profundas.
El amor, los vínculos, las decisiones que nos atraviesan… eso estuvo siempre en mi teatro. Pero este libro no es una repetición, es una evolución emocional.
Si en mis primeras obras había preguntas, en esta novela hay una forma distinta de habitarlas. Más madura, más consciente… y también más valiente.
No siento que sea un territorio virgen, sino más bien un territorio al que finalmente me animé a entrar sin protección.
Porque escribir esta novela implicó algo que el teatro no me había exigido del todo:
quedarme sola con lo que siento, sin la mediación de la escena.

La dramaturgia de lo invisible
“En el teatro, el texto es solo una parte de la obra; el resto lo completa la luz, el actor y el público. En tu libro, la palabra lo es todo. ¿Qué ha sido más difícil de gestionar: la libertad absoluta que te da la página blanca o la falta de ese ‘pulso en vivo’ que solo te da el patio de butacas?”

Lo más desafiante fue, sin dudas, la libertad, como bien mencionás.
La página en blanco no te limita… te expone. No hay luces, no hay actores, no hay un público respirando con vos. Hay silencio. Y en ese silencio, todo depende de tu capacidad de sostener una verdad.
Extrañé el pulso en vivo, sí, no te lo voy a negar. Ese instante en el que sabés que algo está pasando en tiempo real. Pero descubrí otro tipo de pulso: el interno. El que no necesita aplauso para saber que llegó.
En la novela, la palabra no solo construye… respira.
Y aprendí a confiar en que esa respiración, aunque no la escuche, está del otro lado.
Ojalá cada lector pueda adentrarse en la profundidad de lo dicho y lo no dicho, y se anime a emprender este vuelo conmigo, desde otro lugar.

Personajes que saltan de la página
“Como directora, tu labor es dar voz y cuerpo a los personajes. Ahora que eres tú quien los crea desde la raíz literaria, ¿hay algún personaje en este libro que naciera con la fuerza suficiente como para que ya lo estés imaginando caminando sobre un escenario real?”

Totalmente.
Hay personajes que no solo se escriben, se imponen. Que tienen una presencia tan clara que casi piden cuerpo, voz, espacio.
Azul y Lucía, por ejemplo, son personajes que podrían habitar perfectamente un escenario. Tienen conflicto, contradicción, verdad. Y eso, en teatro, bien lo sabes es oro.
No descarto que algún día esta historia vuelva al escenario o, ¿por qué no?, se transforme en una serie. Así que ya saben productores, los espero que ansias.
Pero hoy siento que en el libro esos personajes “ficticios”, encontraron un lugar donde pueden ser aún más honestas.

El corazón de la historia
“Para quienes nos están leyendo ¿Cómo presentarías Más allá de las sábanas (Amar sin garantías) en pocas palabras y qué experiencia emocional proponés al lector?”

Es una historia de amor… pero no del amor idealizado.
Es una historia sobre lo que pasa cuando el amor aparece en un momento de la vida donde ya no hay inocencia. Donde ya hay historia, heridas, estructuras, miedos… y aun así, alguien aparece y lo desordena todo.
Cuenta el encuentro entre dos mujeres que no se estaban buscando, pero que se convierten en un espejo inevitable. Y en ese espejo no solo hay deseo o conexión: hay preguntas, hay lucha interna, hay decisiones que incomodan.
Porque amar sin garantías no es solo amar sin certezas externas…
es animarse a sentir incluso cuando todo adentro te pide que te protejas.
Es una novela que no romantiza el proceso. Lo humaniza.
Y ojalá quien la lea no solo acompañe la historia…
sino que, en algún punto, también se encuentre a sí mismo en ella independientemente de su elección sexual.

El origen emocional
“¿En qué momento sentiste que esta historia necesitaba ser escrita y no podía quedarse en una idea más?”
Cuando entendí que no era solo una historia… era una necesidad.
Hay historias que uno puede postergar, que pueden esperar.
Y hay otras que empiezan a incomodar, a aparecer en pensamientos, en emociones, en silencios… hasta que ya no podés ignorarlas.
Esta fue una de esas.
Sentí qué si no la escribía, algo quedaba inconcluso en mí.
Como si hubiese una parte de la historia —y también mía— que necesitaba existir para poder ordenarse.
Y también apareció algo muy fuerte en mis adentros sobre la necesidad de que esta historia podía resonar en otros.
Ahí supe que ya no era una opción.
Era el momento.

El título y su significado
“El título Amar sin garantías es muy potente. ¿Qué significa para vos amar sin garantías?”

Amar sin garantías es amar sabiendo…. Sabiendo que puede salir bien… o no.
Que no hay promesas eternas, que no hay certezas absolutas, que el otro no viene a salvarte ni a completarte.
Pero, aun así, elegir.
Elegir abrirte, sentir, involucrarte. Elegir asumir el riesgo de que algo te mueva, incluso si eso implica incomodarte o romper estructuras.

El libro como Bitácora personal
“Presentar un libro suele sentirse como un estreno de teatro, pero sin la posibilidad de cambiar nada tras la primera función. ¿Qué parte de tu identidad como creadora consideras que queda ‘blindada’ en este libro y qué mensaje esperas que resuene en aquellos que te conocemos por tus obras pero que ahora te vamos a leer en la intimidad de casa?”

Hay algo en el libro que queda definitivamente expuesto: mi mirada sobre el amor.
No como una idea romántica, sino como una experiencia real. Con sus contradicciones, sus miedos, su intensidad.
En el teatro siempre hay una distancia. Acá no.
Acá hay algo mío que queda, de alguna manera, “blindado” en cada página.
Y eso es fuerte. Porque ya no me pertenece del todo.
A quienes me conocen por mis obras, me gustaría que en este libro encuentren una versión más íntima. Menos mediada, más directa.
Y a quienes me lean por primera vez, ojalá les pase algo muy simple pero muy profundo: Que en algún momento sientan que esa historia también podría ser la suya.
Por todas esas “Lucías” que, aun cuando la vida se les pone patas para arriba, se animan y se juegan por ese amor.
Porque al final… de eso se trata todo esto.
De entregarnos y de reconocernos.
Aprovecho también para agradecerte nuevamente el espacio y que siempre me tengas presente. Al contarte de este sueño —que muy pronto diré cuándo, cómo y dónde (tendrás la exclusiva)— no dudaste un segundo en darme la oportunidad de empezar a compartir un poco de este lanzamiento.
Y eso, en un camino tan íntimo como este… también se valora profundamente.

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