La cena de los idiotas llega a Madrid… y esta vez canta: el gran clásico se convierte en musical

Hay ideas que nacen mal… y terminan gloriosamente peor.
Una mesa elegante, un grupo de amigos demasiado seguros de sí mismos y una regla tan infame como irresistible: invitar a un “idiota” a cenar y reírse de él. Así empieza La cena de los idiotas, la mítica comedia de Francis Veber, que ahora da un salto inesperado y llega a Madrid convertida en musical.

A partir de octubre, el Teatro Marquina acogerá el estreno de La cena de los idiotas, el musical, la primera adaptación musical basada en la obra original estrenada en 1993 y convertida en un fenómeno internacional. Una historia conocida, sí, pero reformulada con música, ritmo imparable y un humor que no pide perdón.

La producción está impulsada por Dario Regattieri junto al compositor Iván Macías, responsable de una partitura que convierte la comedia en una auténtica montaña rusa emocional. Zenón Recalde participa como letrista y colabora en la adaptación, mientras que la producción ejecutiva corre a cargo del propio Regattieri. Un equipo que entiende que el humor, cuando es inteligente, también puede ser musical.

La adaptación y dirección llevan el sello inconfundible de Yllana, compañía referente del humor gestual y visual, reconocida por su capacidad para transformar la escena en un territorio donde el cuerpo, el ritmo y la carcajada dialogan sin palabras… o con las justas. Su trayectoria, marcada por la innovación y la excelencia artística, convierte este musical en una apuesta segura dentro de la cartelera madrileña.


Sinopsis

Cada semana, un grupo de amigos organiza una cena privada con una regla tan cruel como tentadora:
cada uno debe llevar a un “idiota” y competir por ver quién ha elegido al mejor.

Pierre cree haber encontrado al candidato perfecto. El ganador absoluto. Su billete directo a la victoria.
Pero, como suele ocurrir en estas historias, nada sale como espera.

Lo que comienza como una burla calculada se transforma en una cadena de equívocos, situaciones absurdas y verdades incómodas. Un juego de apariencias donde el supuesto idiota quizá no lo sea tanto… y donde los verdaderos necios podrían estar sentados al otro lado de la mesa.

Ritmo imparable, humor afilado y canciones que convierten la crueldad en carcajada.
Porque reírse del otro es fácil.
Reírse de uno mismo… eso ya es otra historia.

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